El libro Speculative Fictions: Chilean Culture, Economics, and the Neoliberal Transition (2013) de Alessandro Fornazzari es un aporte que sube la apuesta a la hora de hablar del pasado reciente chileno y sus continuidades en el presente. El ensayo tiene como objetivo entender o dar un panorama al cambio económico, político y estético-cultural sufrido en el país a partir de la entrada del neoliberalismo, como son: la reformulación del capital, la reorganización de las formas del trabajo y las transformaciones y consecuencias presentes en el arte y la cultura. A lo largo de cinco capítulos, Fornazzari analiza múltiples metamorfosis que siempre terminan haciendo síntesis en la transición hacia el consumo y pragmatismo económico en toda esfera de lo social, entre ellas, la cultura y el arte. Uno de los aciertos de este trabajo es que no ve al período de la dictadura y al de la vuelta a la democracia en Chile como separables, sino que forman una misma continuidad que transformó al sistema económico-político chileno al neoliberalismo.

Tomando la afirmación de Fredric Jameson (quien a su vez toma a Luhmann), Fornazzari observa una desdiferenciación entre sectores semi-autónomos como la cultura y la economía en este caso, y cómo ambas se confunden en la lógica y lenguaje del mercado a partir de la entrada del neoliberalismo. En el primer capítulo, el autor problematiza la oposición entre quienes afirman que José Donoso es un realista Luckacsiano que une ideología y economía, y quienes piensan al novelista como un modernista que junta restos de realidad para hacer su propia narrativa. Para Fornazzari, en cambio, la obra de Donoso muestra una combinación entre estas posiciones, mostrando una crisis de la alegoría como figura de la transición (Benjamin). Es por ello que Casa de campo (1978) coincide con el vuelco chileno hacia la transformación económica y a ser el laboratorio del neoliberalismo. La novela pasa por todas las etapas del capitalismo (acumulación primitiva, abstracción del dinero, etc.) hasta llegar al triunfo del capitalismo financiero, cuestionando qué escritura es posible después del golpe y del vuelco al neoliberalismo, en el que la lógica de la mercancía, ha desdiferenciado la política, la economía y la cultura.

La problemática abierta por Donoso es recogida por otros artistas, en un ambiente de neoliberalismo que une violencia y el fetichismo de la mercancía. El segundo capítulo explora la transformación económica a partir de la caída de Salvador Allende, creando un proceso de desindustrialización, consumo y crédito masivo (“ciudadano credit-card” diría Moulián), deshaciendo espacios de crítica política para dar entrada a soluciones técnicas. Aquí aparecen narrativas como Oír su voz (1992) de Arturo Fontaine, que desdiferencian los discursos de libertad intelectual y el mercado, en la defensa del nuevo orden económico y político, subsumiendo contradicciones que tenía el capitalismo oligárquico, masificando el lenguaje económico y creando del intelectual un empresario. Esta crisis de representación es recogida por el relato fragmentario y esquizofrénico de El padre mío (1989) de Damiela Eltilt, que es una narrativa que resiste al historicismo o a cualquier expresión total de la melancolía. Pero será la novela Mano de obra (2002) la que problematiza el fetichismo de la mercancía, las relaciones colectivas y el valor en el nuevo contexto neoliberal. Para Fornazzari, esta novela muestra el cambio espacial y relacional de esta nueva forma de entender el movimiento del capital, tomando a la multitud (Hardt y Negri) como nueva forma social y al supermercado como espacio de interacción entre consumismo y mercancía, donde se deshace la posibilidad de resistencia en el capitalismo post-fordista. Las dos novelas, cada una a su manera, observa el cambio de la producción del trabajo y el lenguaje a partir de la nueva forma del capital humano, en el que la diferencia entre el trabajo intelectual y el manual ha sido anulada.

En el tercer capítulo, Fornazzari critica la imposibilidad del documental chileno como medio restaurador de la memoria. Aquí el autor muestra cómo el documental de Patricio Guzmán, Memoria obstinada (1997), intenta ser un puente de la memoria entre quienes vivieron y quienes escucharon la historia, siendo al mismo tiempo, un intento de ampliar la posibilidad de puntos de vista hacia el pasado. Sin embargo, a nivel estético, Fornazzari encuentra que el cambio del lenguaje comunicativo masivo que imperó en La batalla de Chile (1977) y su transformación a testimonios particulares en Memoria obstinada, hacen una memoria total con diferencias internas e individuales, que opera al igual que en Mano de obra, en favor de una individualización del sujeto que imposibilita la restitución total de la memoria. También en el ejemplo forense de Fernando ha vuelto (1998) de Silvio Caiozzi, la restitución de la memoria (simbólica) termina siendo imposible e insuficiente para los mismos familiares del desaparecido Fernando Olivares. En los dos documentales, se muestra el límite simbólico y cultural del proyecto de restitución de la memoria por este medio. La alternativa para Fornazzari podría ser una restitución crítica que dé cuenta de su propio límite (Moreiras).

En el cuarto capítulo se problematiza la biopolítica en Chile y cómo se transforma el homo sacer (Agamben) en el homo economicus que pretende el neoliberalismo. Así, se pasa de una estructura de biopolítica fascista que es ejemplificada por el testimonio Tejas verdes: diario de un campo de concentración en Chile (1974) de Hernán Valdés, para luego llegar a la biopolítica neoliberal. Valdés muestra la transformación de las relaciones creada por la irrupción del golpe, que rebaja a la persona a ser pura vida y material de aniquilamiento sin que ello sea homicidio. Esto se muestra en el arte de Catalina Parra quien desdiferencia la figura Mapuche del Imbuche del lenguaje económico del momento de la transición neoliberal, mostrando el cambio del homo sacer al homo economicus, conectando y desconectado el lenguaje proveniente del mercado publicitario.

El último capítulo se dedica a intentar entender cuál es la situación del capital hoy en Chile. Para Fornazzari, en la transición al neoliberalismo se expande una mentalidad económica. La conclusión del autor es que si bien Marx veía la abstracción del trabajo y la subsunción real del capital como objetivo del capitalismo, los neoliberales norteamericanos han dado un paso más en su pensamiento, no abstrayendo el trabajo sino convirtiendo la fuente de explotación capitalista en el consumo y el capital financiero. De esta manera, el fin de la división del trabajo que antes era pensada como el fin del Estado y de la lucha de clases, no ha llegado de manos del comunismo sino de la intensificación de la maquinaria capitalista.

En conclusión, este ensayo ayuda a entender el pasado reciente chileno, en especial en tiempos cercanos al cuadragésimo aniversario del golpe militar al gobierno de la Unión Popular. Se puede anticipar que este libro hará ruido en los estudios críticos quizá por sostener una tesis amplia en relación a los cambios en la economía, la política y la cultura, simultáneamente. Sin embargo, ello no le quita aciertos, ya que sostiene sus afirmaciones por múltiples caminos. Una de las características que hacen a este proyecto uno que merece atención, es que nunca se deja de lado la retroalimentación que existe entre el mercado y el arte. Esto sucede porque es inseparable el cambio al capitalismo financiero de las consecuencias que también ha ejercido en la cultura a nivel expresivo y estético. El cambio social, económico y comercial que ha ejercido el neoliberalismo en su vuelco a la creación de sociedades de consumo, afecta a toda esfera social y dentro de ella a la producción cultural. Sin embargo, este libro encuentra esta problemática no como meta, sino como punto de partida. La pregunta que intenta responder este proyecto es cómo lo ha hecho. Aunque no lo hace explícitamente, Fornazzari también sube la apuesta cuando abre el interrogante acerca del neoliberalismo actual, especialmente en dos puntos. Por un lado, hoy que está en boga hablar de post-neoliberalismo, cuando se pasa tal afirmación por el filtro de lo que propone este ensayo y su visión desdiferenciada de la realidad, cuesta creer que se ha superado al neoliberalismo como una etapa histórico-política. Por otro lado, Fornazzari enfatiza que la entrada al neoliberalismo no ha encontrado formas estético-expresivas y representativas que puedan contradecir o desestabilizar este nuevo orden desdiferenciado, lo que sube la apuesta a la pregunta sobre la creación de alternativas representativas y estéticas culturales.